Por: CARLOS MONSIVÁIS
No hay Estado fallido. Ya pasó a mejor vida el Estado a la antigüita, con todo y presidencialismo y lectura del Informe ante un Congreso que consideraba blasfemia las críticas al presidente; queda como reliquia el espectro del Estado, hecho trizas por ineptitud, corrupción, represiones y culto a la impunidad que es la esencia del sistema. En el Legislativo abundan los representantes fantasmales de la voluntad de encumbramiento, y en el Judicial se acata la voluntad de los poderosos aunque no se molesten en emitirla. El desprestigio describe el manejo de imposiciones muy lesivas para la economía de casi todos y de trampas de lejano origen jurídico que buscan desalentar a quienes quieren participar en la política.
El debate (si así queremos llamar al jaloneo) sobre el aumento de impuestos revela la falta de convicciones y de información que ya es sinónimo de clase gobernante. En esto han coincidido los legisladores de PAN y PRI: actúan para luego contradecirse y decir que lo hicieron contra su voluntad, y que las cosas empezarán bien porque para eso las dejaron tan mal. El nivel doctrinario y cultural exhibido delata a la educación privada, formadora de la mayoría de los legisladores, y anuncia el fin del vocabulario amplio que alguna vez tuvo que ver con el uso en México del español. Se comprueba la ausencia de formas y de contenidos en la vida política. No saben qué decir ni cómo decirlo, crean laberintos en los que se enredan para descubrir que ya no saben a dónde iban.
Observen al secretario del Trabajo, Javier Lozano, hablando de la desaparición de LyFC: “No se trató de una acción represiva sino preventiva. Se nos ha criticado por lo que algunos llaman equivocadamente el sabadazo”. ¿A qué alude? Se podría suponer que la acción es preventiva para que la represión ya no sorprenda, o que prevenir con ánimo de exterminio es quitarle oportunidades de lucimiento a la represión, o mejor, que el secretario ignora que una represión nunca puede ser preventiva: “Te meto a la cárcel ahora para que después no te sorprendan las rejas”. Lozano responde a la pregunta “¿Cuál sería la reforma nuclear en la cuestión laboral?”, y lo hace en términos que llevan al desvarío: “El acceso al mercado de trabajo en modalidades que faciliten la productividad en las relaciones laborales y que aumenten la competitividad de nuestra economía”. Esta respuesta desconcertará al que se proponga entenderla: así que la reforma nuclear en lo laboral consiste en el acceso al mercado de trabajo en modalidades que faciliten la productividad. ¿No me repite, por favor? La reforma nuclear da como fruto estatal el acceso (¿de quiénes?) al mercado de trabajo (¿en dónde y en qué condiciones?) en modalidades que faciliten la productividad en las relaciones laborales (¿hay quién pueda descifrar esta contribución al sonido de una sola mano, la del licenciado, aplaudiendo?). Y el final es ya un concurso de fuegos de artificio en noches sin pretextos para usarlos: todo lo anterior, las modalidades que fomenten la productividad no en el trabajo sino en las relaciones de obreros y patrones, son métodos preventivos, el que declare entender este discurso será reprimido.
Escúchese el dictamen judicial del secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont: “Estamos tomando decisiones difíciles que afectan la estructura de poder existente para volverla más incluyente, pero la inclusión y la participación no pueden imponerse”. Maravilloso, ¿para qué se vuelve más incluyente la estructura de poder si sólo va a beneficiar a quienes así lo decidan? Ahora resulta que uno no se incluye si no le da la gana, porque no quiero del Estado sino lo que me apetezca. ¿Y de qué participación habla? ¿De las decisiones que sólo una minoría exigua toma, de la sorpresa al saber que la estructura de poder se deja afectar por actos naturalmente preventivos?
Vacío de forma es desaparición de fondo.
n n n
¿A quién le creemos: a las palabras o a los votos? Si juzgamos por las votaciones en las cámaras, nos equivocaremos: los hechos nada tienen que hacer al lado de las declaraciones. Se han desgarrado las vestiduras alternas panistas y priistas alegando la urgencia de aprobar el plan Calderón en materia fiscal, y luego se arrepienten. Así, por ejemplo, el senador priista Francisco Labastida: “El paquete no nos gusta porque no impulsa el empleo, es recesivo, impulsa la inflación. Es un Frankenstein que llegó y al que le hicimos algunos cambios para quitarle lo más nocivo”. Conclusión: no le quitaron al paquete todo lo nocivo, sino lo más nocivo que no se toma la molestia de señalar. Les regalaron a las empresas televisivas dos años sin impuestos, no buscaron explicaciones mínimamente convincentes, creyeron que abstenerse, y lo dijeron textualmente, era una forma de votar, así como si dijeran que abstenerse sexualmente es una forma de follar, y esta no es metáfora sino extensión lógica.
En la mentalidad de los políticos históricos el arrepentimiento sólo tiene sentido como jactancia. “Sí, lo hicimos mal, pero a ver, cámbienlo”. Beatriz Paredes dice que no sirvió para nada la golpiza fiscal; el líder del PAN, César Nava, afirmó que el aumento de impuestos no satisfizo a nadie (bueno, no exagere, el Presidente no es un don nadie); y al diputado líder priista, Francisco Rojas, no le tiemblan los verbos y los sujetos aunque sí algo los complementos: “(votamos) aun por encima de costos políticos. Por lo que decidimos, en congruencia con el contenido de nuestros documentos básicos, rechazar el IVA en alimentos y medicinas”. ¿Qué habrá querido decir? ¿Qué son “los costos políticos”? ¿Qué tanto compensa su rechazo del IVA la aprobación de impuestos guillotinadores? No dudamos de los documentos básicos, sobre todo porque a manera del 100% de los ciudadanos, no los conocemos, pero como disculpa parece infantil: “Sí, votamos en contra del costo político que significa votos y prestigio, pero los votos nos llegan por el clientelismo y el prestigio llevamos décadas de no tenerlo, así que se aguantan y se llevan su costo político a otra parte”.
Sigo creyendo que una adecuada represalia de los ciudadanos es la lectura de las declaraciones de los políticos. Y que un ejercicio lógico insustituible es indagar en lo que quisieron decir. Algo se logrará si saben que sus palabras, o las de sus suplentes verbales, son leídas. El temor a Dios comienza en algún lado, y ése puede ser la certeza de que alguien está leyendo los textos explicatorios por encima del hombro de quien los distribuye.
domingo 8 de noviembre de 2009
domingo 1 de noviembre de 2009
Con su venia, señor presidente
Por: CARLOS MONSIVÁIS
No todos los debates son querellas a gritos o escenas de cinismo en las que el mayoriteo se burla de las reclamaciones y razones de las minorías. Ocasionalmente hay debates interesantes y, si se quiere, además de instructivos ya propios de un país democrático. Esto sucedió en la Cámara de Diputados el 27 de octubre de 2009, a propósito de la despenalización del aborto. Imposible resumir la discusión, y me conformo con momentos culminantes. Inició la contienda Leticia Quezada del PRD: "Una mujer es más que un cuerpo condenado por su biología. Puede reparar el error de un embarazo no deseado, producto de la fragilidad, de un descuido o del error de la violencia... Lamentablemente la problemática nacional vinculada al tema del aborto y la violación de los derechos humanos de las mujeres mexicanas está más vigente que nunca y día a día lacera más a las mujeres mexicanas, con la complicidad del PRI y del PAN en todo el territorio nacional".
A continuación, Ana Estela Durán Rico, del PRI, en contraposición de la postura de la líder nacional Beatriz Paredes, dedicada a lanzar oscuridades cada que se le pregunta sobre el tema, fue contundente en su defensa del Estado laico, agraviado por la campaña de PRI y PAN, y cuestionó: "¿Pueden las mujeres ejercer su derecho a decidir? ¿Tienen la mayoría de edad para asumir responsabilidades? ¿Puede algún diputado, funcionario o gobernante atropellar los derechos de las mujeres? ¿Qué está detrás de esto? ¿Líderes de opinión? ¿Relaciones de poder? ¿Dictados detrás de las esferas eclesiásticas? ¿Líneas conservadoras recurrentes? ¿Confrontaciones personales? ¿Decisiones individuales producto de convicciones o creencias, o simplemente una confusión prohijada que ha distorsionado el verdadero debate pretendiendo que es un conflicto entre quienes defienden la vida y quienes pretenden apoyar a la muerte?".
Ifigenia Martínez, del PT, fue también precisa: "México es un Estado laico; garanticemos decidir que llevar a término un embarazo debe ser reconocido como derecho sólo de las mujeres. No somos objetos, somos seres humanos y exigimos derechos plenos en todo el país". A la defensa de una panista de la penalización del aborto, Porfirio Muñoz Ledo, del PT, contesta: "El concepto de derecho a la vida que acaba de ser esbozado corresponde a una definición religiosa, no a una definición del derecho público. El derecho público es muy claro y cuando se cita la Constitución debe, en primer lugar, citarse el artículo primero. Todo individuo gozará de las garantías que esta Constitución consagra... En el proyecto de reformas al Título Primero, habíamos propuesto 'toda persona'. En dado caso sólo la ley puede determinar cuándo alguien es individuo. No hay ninguna rama del derecho que determine que el individuo existe antes del nacimiento".
* * *
Paz Gutiérrez Cortina, del PAN: "Es hoy cuando lo natural adquiere especial relevancia ante la necesidad de proteger el medio ambiente, nuestras especies animales y conservar los recursos naturales, es hoy cuando se cuestiona la preservación de la vida humana en gestación. Se protege a las ballenas, a las tortugas y sus huevos; pero se cuestiona la existencia de humanidad en el embrión desde el momento de la concepción". Responde Muñoz Ledo: "La muy respetable compañera ha dicho que protegemos a los huevos, me refiero a los huevos en su acepción original; ojalá y aquí también se respetaran. Está confundiendo a los ovíparos con los mamíferos, señora. Un huevo por definición, de gallina o de tortuga, está fuera del cuerpo de la madre, ya no tiene que ver con la entidad de la madre. Se establece la heteronimia de cuerpos y no todos los huevos se protegen; puede llegar a haber especies perniciosas. Supongamos que nos encontramos con huevos de dragones o huevos de esos animales que son mortíferos para la humanidad. Tendría que haber una definición. Tratándose de los seres mamíferos, el producto está vinculado al cuerpo de la madre, es parte de él, independientemente de que vaya adquiriendo una personalidad biológica propia, y es la ley y sólo la ley la que debe establecer cuál es el solvento".
La discusión es larga, y por una vez colmada de razones o de lo que se piensa que son argumentos contundentes. Muñoz Ledo es brillante: "El oscurantismo es una reducción del pensamiento científico y del proceso educativo. ¿Durante cuánto tiempo quienes piensan como usted combatieron las ideas de Darwin, porque estaba en la Biblia la historia de Adán y Eva? ¿Qué sostuvieron contra Galileo, contra Copérnico? Tuvieron siempre científicos alquilones para ocultar una verdad que ahora se ha vuelto universal". El diputado Gerardo Fernández Noroña remite a hechos recientes: "Le recuerdo que alguna autoridad municipal (las educativas en León, Guanajuato, que incineraron libros de textos de Biología del primer año de secundaria de la SEP) quemó libros de biología, porque enseñaban educación sexual. ¿Eso es una posición correcta? No. ¿Es una posición científica? No. ¿Es una posición a favor del conocimiento? No. Es una posición retrógrada".
El panista Francisco Javier Salazar se enreda con los argumentos del ADN y resuelve la duda de los oyentes con su experiencia personal: "Termino con una anécdota personal. Hace poco más de un año me mostró mi hija una fotografía de ultrasonido de mi nieta de 11 semanas. Señores, de veras, se los digo con sinceridad, esa foto de ultrasonido la tengo en mi álbum de fotografías más queridas. Es un bebé; es un bebé con sus pies, su cabeza, sus manos, su corazón. Es un bebé. Si alguien quisiera matar a ese bebé, ¿por favor?, contaría con mi absoluto rechazo y mi absoluta reprobación". Contesta Fernández Noroña: "Si para usted un bebé es el producto, es un problema de su confusión, de su desconocimiento del lenguaje, de la biología, de una discusión filosófica muy profunda y de su concepción religiosa. Si usted cree en la Divina Providencia, puede creer en cualquier cosa, pero no tiene por qué imponérselo a toda una sociedad, que es un Estado laico. Yo soy también profundamente respetuoso de las percepciones que cada quien tenga, pero no tienen por qué imponérselas a las demás personas... Vea el diccionario de la Real Academia Española, vea lo que dice bebé y me dice si se considera bebé a un producto entre uno y nueve meses. La definición exacta es niño de pecho. Quiero que me explique cómo puede ser un producto niño de pecho".
El debate es largo y, por supuesto, cada quien sale provisto de las convicciones que ya llevaba. Sin embargo, se deja leer con fluidez y es en verdad interesante. La prensa, la radio y la televisión lo ignoran por completo.
No todos los debates son querellas a gritos o escenas de cinismo en las que el mayoriteo se burla de las reclamaciones y razones de las minorías. Ocasionalmente hay debates interesantes y, si se quiere, además de instructivos ya propios de un país democrático. Esto sucedió en la Cámara de Diputados el 27 de octubre de 2009, a propósito de la despenalización del aborto. Imposible resumir la discusión, y me conformo con momentos culminantes. Inició la contienda Leticia Quezada del PRD: "Una mujer es más que un cuerpo condenado por su biología. Puede reparar el error de un embarazo no deseado, producto de la fragilidad, de un descuido o del error de la violencia... Lamentablemente la problemática nacional vinculada al tema del aborto y la violación de los derechos humanos de las mujeres mexicanas está más vigente que nunca y día a día lacera más a las mujeres mexicanas, con la complicidad del PRI y del PAN en todo el territorio nacional".
A continuación, Ana Estela Durán Rico, del PRI, en contraposición de la postura de la líder nacional Beatriz Paredes, dedicada a lanzar oscuridades cada que se le pregunta sobre el tema, fue contundente en su defensa del Estado laico, agraviado por la campaña de PRI y PAN, y cuestionó: "¿Pueden las mujeres ejercer su derecho a decidir? ¿Tienen la mayoría de edad para asumir responsabilidades? ¿Puede algún diputado, funcionario o gobernante atropellar los derechos de las mujeres? ¿Qué está detrás de esto? ¿Líderes de opinión? ¿Relaciones de poder? ¿Dictados detrás de las esferas eclesiásticas? ¿Líneas conservadoras recurrentes? ¿Confrontaciones personales? ¿Decisiones individuales producto de convicciones o creencias, o simplemente una confusión prohijada que ha distorsionado el verdadero debate pretendiendo que es un conflicto entre quienes defienden la vida y quienes pretenden apoyar a la muerte?".
Ifigenia Martínez, del PT, fue también precisa: "México es un Estado laico; garanticemos decidir que llevar a término un embarazo debe ser reconocido como derecho sólo de las mujeres. No somos objetos, somos seres humanos y exigimos derechos plenos en todo el país". A la defensa de una panista de la penalización del aborto, Porfirio Muñoz Ledo, del PT, contesta: "El concepto de derecho a la vida que acaba de ser esbozado corresponde a una definición religiosa, no a una definición del derecho público. El derecho público es muy claro y cuando se cita la Constitución debe, en primer lugar, citarse el artículo primero. Todo individuo gozará de las garantías que esta Constitución consagra... En el proyecto de reformas al Título Primero, habíamos propuesto 'toda persona'. En dado caso sólo la ley puede determinar cuándo alguien es individuo. No hay ninguna rama del derecho que determine que el individuo existe antes del nacimiento".
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Paz Gutiérrez Cortina, del PAN: "Es hoy cuando lo natural adquiere especial relevancia ante la necesidad de proteger el medio ambiente, nuestras especies animales y conservar los recursos naturales, es hoy cuando se cuestiona la preservación de la vida humana en gestación. Se protege a las ballenas, a las tortugas y sus huevos; pero se cuestiona la existencia de humanidad en el embrión desde el momento de la concepción". Responde Muñoz Ledo: "La muy respetable compañera ha dicho que protegemos a los huevos, me refiero a los huevos en su acepción original; ojalá y aquí también se respetaran. Está confundiendo a los ovíparos con los mamíferos, señora. Un huevo por definición, de gallina o de tortuga, está fuera del cuerpo de la madre, ya no tiene que ver con la entidad de la madre. Se establece la heteronimia de cuerpos y no todos los huevos se protegen; puede llegar a haber especies perniciosas. Supongamos que nos encontramos con huevos de dragones o huevos de esos animales que son mortíferos para la humanidad. Tendría que haber una definición. Tratándose de los seres mamíferos, el producto está vinculado al cuerpo de la madre, es parte de él, independientemente de que vaya adquiriendo una personalidad biológica propia, y es la ley y sólo la ley la que debe establecer cuál es el solvento".
La discusión es larga, y por una vez colmada de razones o de lo que se piensa que son argumentos contundentes. Muñoz Ledo es brillante: "El oscurantismo es una reducción del pensamiento científico y del proceso educativo. ¿Durante cuánto tiempo quienes piensan como usted combatieron las ideas de Darwin, porque estaba en la Biblia la historia de Adán y Eva? ¿Qué sostuvieron contra Galileo, contra Copérnico? Tuvieron siempre científicos alquilones para ocultar una verdad que ahora se ha vuelto universal". El diputado Gerardo Fernández Noroña remite a hechos recientes: "Le recuerdo que alguna autoridad municipal (las educativas en León, Guanajuato, que incineraron libros de textos de Biología del primer año de secundaria de la SEP) quemó libros de biología, porque enseñaban educación sexual. ¿Eso es una posición correcta? No. ¿Es una posición científica? No. ¿Es una posición a favor del conocimiento? No. Es una posición retrógrada".
El panista Francisco Javier Salazar se enreda con los argumentos del ADN y resuelve la duda de los oyentes con su experiencia personal: "Termino con una anécdota personal. Hace poco más de un año me mostró mi hija una fotografía de ultrasonido de mi nieta de 11 semanas. Señores, de veras, se los digo con sinceridad, esa foto de ultrasonido la tengo en mi álbum de fotografías más queridas. Es un bebé; es un bebé con sus pies, su cabeza, sus manos, su corazón. Es un bebé. Si alguien quisiera matar a ese bebé, ¿por favor?, contaría con mi absoluto rechazo y mi absoluta reprobación". Contesta Fernández Noroña: "Si para usted un bebé es el producto, es un problema de su confusión, de su desconocimiento del lenguaje, de la biología, de una discusión filosófica muy profunda y de su concepción religiosa. Si usted cree en la Divina Providencia, puede creer en cualquier cosa, pero no tiene por qué imponérselo a toda una sociedad, que es un Estado laico. Yo soy también profundamente respetuoso de las percepciones que cada quien tenga, pero no tienen por qué imponérselas a las demás personas... Vea el diccionario de la Real Academia Española, vea lo que dice bebé y me dice si se considera bebé a un producto entre uno y nueve meses. La definición exacta es niño de pecho. Quiero que me explique cómo puede ser un producto niño de pecho".
El debate es largo y, por supuesto, cada quien sale provisto de las convicciones que ya llevaba. Sin embargo, se deja leer con fluidez y es en verdad interesante. La prensa, la radio y la televisión lo ignoran por completo.
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El Movimiento Revolucionario del Magisterio
En 1956 inicia el Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM), muy importante factor en la demanda de independencia sindical. Al negociar los líderes del SNTE un incremento salarial que llega a la mitad de la demanda inicial, Othón Salazar, maestro normalista de Guerrero, convoca a un mitin de protesta. Poco después, una asamblea independiente lo elige representante de lo que será el MRM, constituido a fines de 1957, ya muy presente en las primarias del DF. Dan comienzo las marchas y se reprime la del 12 de abril de 1958. El 30 de abril los maestros toman las oficinas de la SEP y obligan al Gobierno a negociar.
En un manifiesto de 1958 los profesores argumentan: "De acuerdo con las cifras oficiales, en julio de 1956 ganábamos el 14% menos que en 1939, en tanto que en marzo de 1958 la diferencia es más de 35%". Concluyen:
"Esta situación que señalamos sólo ha conducido a que los maestros resintamos los perjuicios consiguientes en nuestra salud y en la de nuestros familiares, carezcamos de la posibilidad de educar a los hijos y a que desmerezca nuestra capacidad profesional. Tal estado de cosas exige que le pongamos punto final mediante nuestra lucha unida y combativa. Proponemos a todos los maestros de primaria luchar por:
A) Elevación del sueldo nominal a mil 200 pesos;
B) Sueldo móvil al ritmo del alza de los precios;
C) Jubilación a los 30 años de servicio sin límite de edad, con el último sueldo y extensión de los aumentos a los pensionados;
D) Servicio médico extensivo a los familiares del maestro, con pago íntegro de medicinas;
E) Escalafón que considere la antigüedad y méritos del maestro, elección democrática de las comisiones de escalafón;
F) Pasajes de los maestros en general".
* * *
Estas demandas no informan de una lucha por modernizar, sino del paso previo; evitar que se profundice el anacronismo de los profesores, devolverse siquiera al nivel de 1939. Othón es un "líder natural", y disciplinan su entusiasmo, su cordialidad y sus obsesiones. Inmerso en la organización del profesorado, opuesto a los que usan el lenguaje político sólo como vehículo del ascenso y la rapacidad. Él convive y anima a los que nunca serán oportunistas, los fieles al compromiso del cardenismo, los convencidos de su lugar (humilde, irrenunciable) en la lucha de clases.
El MRM obtiene la adhesión de numerosas maestras, las relegadas por el machismo de los radicales y que son, sin embargo, las más entusiastas, las hacedoras de comida en los plantones, las que se enfrentan a policías, granaderos y agentes judiciales (valentía de género). Son ellas el contingente que, apenas representado en los puestos de dirección (relegamiento de género), aporta la militancia más constante. Las distingue la esperanza en la independencia sindical, la lucha por el aumento salarial como recuperación de la vida cotidiana, el hartazgo ante las depredaciones sindicales.
* * *
En agosto de 1958, en un congreso paralelo al del SNTE, los maestros de la Ciudad de México eligen a Othón como su legítimo representante, pero ante este gesto de autonomía sindical la posición del Gobierno se endurece. Se reprime la manifestación del 8 de septiembre y se detiene a Othón en su casa, donde se le amarra y venda. Se le somete a violentos interrogatorios y se le exige que confiese: "¿Cuántos rublos recibes de la Unión Soviética?". Se le mantiene secuestrado nueve días antes de procesarlo. Acusado de disolución social, se le encierra en Lecumberri, pero, gracias a las grandes movilizaciones por su libertad, permaneció allí sólo tres días.
En 1958, las movilizaciones de telegrafistas, petroleros, ferrocarrileros y profesores conmueven al país o, más bien, a la parte del país que se deja conmover en un medio de intensa desinformación. Las luchas se originan en demandas económicas y en exigencia de democracia sindical. Con dureza caciquil, el Gobierno vence sin problemas a movimientos pacíficos, aunque no doblega a los participantes, empeñados en mantener vivas las causas populares.
Othón Salazar y el MRM se oponen a la devaluación de la imagen magisterial. El empeño es un tanto inútil. A los maestros de las misiones rurales y a los militantes del cardenismo los sustituyen los que primero a la fuerza y luego por inercia se amoldan a las ordenanzas de la vida institucional. En la nueva imagen, los maestros son semiprofesionistas, sin derechos políticos ajenos al cumplimiento de las tareas electorales del PRI, sin opciones de transformación académica, sólo dueños de la información parcial que un comité seleccionó en su beneficio. Por eso, la lucha de la Sección 9 de 1956-1960 se libra contra la reducción del magisterio a un sector informe, que transmite con mnemotecnia vacilante lo indispensable: izar la bandera algunos días del año, asistir a festivales tristísimos y promover el voto por quienes les digan. Esto, en la capital; en el resto del país, la función de los maestros es distinta, y en los pueblos son, con frecuencia, líderes naturales. Por eso, el PRI se empeña en hacer de ellos su base persuasiva.
* * *
El MRM es notable por las lealtades que suscita y se mantiene. Hay entrega, confianza en que el adversario no reprima como ellos aseguran (es melancólico: los movimientos de oposición describen de modo preciso la represión y no creen en ella). Si en el MRM intervienen los comunistas, la suya no es sin embargo una movilización doctrinaria. ¿Para qué predicar la lucha de clases si se puede ejercerla? Están allí las discusiones sectarias y el balbuceo de las divulgaciones marxistas, pero lo primordial es el combate contra la desigualdad. Estos -los de los maestros, los ferrocarrileros, los petroleros, los electricistas- son movimientos regidos por el espíritu colectivo.
* * *
Othón continúa su lucha en el magisterio y en 1960 participó en otra huelga en la Escuela Nacional de Maestros. La toma de la Normal por la corriente democrática de la Sección 9 del SNTE es violentamente reprimida en agosto, y como última represalia Othón Salazar es cesado y hasta su muerte en 2008 no obtiene la reparación de la injusticia.
En un manifiesto de 1958 los profesores argumentan: "De acuerdo con las cifras oficiales, en julio de 1956 ganábamos el 14% menos que en 1939, en tanto que en marzo de 1958 la diferencia es más de 35%". Concluyen:
"Esta situación que señalamos sólo ha conducido a que los maestros resintamos los perjuicios consiguientes en nuestra salud y en la de nuestros familiares, carezcamos de la posibilidad de educar a los hijos y a que desmerezca nuestra capacidad profesional. Tal estado de cosas exige que le pongamos punto final mediante nuestra lucha unida y combativa. Proponemos a todos los maestros de primaria luchar por:
A) Elevación del sueldo nominal a mil 200 pesos;
B) Sueldo móvil al ritmo del alza de los precios;
C) Jubilación a los 30 años de servicio sin límite de edad, con el último sueldo y extensión de los aumentos a los pensionados;
D) Servicio médico extensivo a los familiares del maestro, con pago íntegro de medicinas;
E) Escalafón que considere la antigüedad y méritos del maestro, elección democrática de las comisiones de escalafón;
F) Pasajes de los maestros en general".
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Estas demandas no informan de una lucha por modernizar, sino del paso previo; evitar que se profundice el anacronismo de los profesores, devolverse siquiera al nivel de 1939. Othón es un "líder natural", y disciplinan su entusiasmo, su cordialidad y sus obsesiones. Inmerso en la organización del profesorado, opuesto a los que usan el lenguaje político sólo como vehículo del ascenso y la rapacidad. Él convive y anima a los que nunca serán oportunistas, los fieles al compromiso del cardenismo, los convencidos de su lugar (humilde, irrenunciable) en la lucha de clases.
El MRM obtiene la adhesión de numerosas maestras, las relegadas por el machismo de los radicales y que son, sin embargo, las más entusiastas, las hacedoras de comida en los plantones, las que se enfrentan a policías, granaderos y agentes judiciales (valentía de género). Son ellas el contingente que, apenas representado en los puestos de dirección (relegamiento de género), aporta la militancia más constante. Las distingue la esperanza en la independencia sindical, la lucha por el aumento salarial como recuperación de la vida cotidiana, el hartazgo ante las depredaciones sindicales.
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En agosto de 1958, en un congreso paralelo al del SNTE, los maestros de la Ciudad de México eligen a Othón como su legítimo representante, pero ante este gesto de autonomía sindical la posición del Gobierno se endurece. Se reprime la manifestación del 8 de septiembre y se detiene a Othón en su casa, donde se le amarra y venda. Se le somete a violentos interrogatorios y se le exige que confiese: "¿Cuántos rublos recibes de la Unión Soviética?". Se le mantiene secuestrado nueve días antes de procesarlo. Acusado de disolución social, se le encierra en Lecumberri, pero, gracias a las grandes movilizaciones por su libertad, permaneció allí sólo tres días.
En 1958, las movilizaciones de telegrafistas, petroleros, ferrocarrileros y profesores conmueven al país o, más bien, a la parte del país que se deja conmover en un medio de intensa desinformación. Las luchas se originan en demandas económicas y en exigencia de democracia sindical. Con dureza caciquil, el Gobierno vence sin problemas a movimientos pacíficos, aunque no doblega a los participantes, empeñados en mantener vivas las causas populares.
Othón Salazar y el MRM se oponen a la devaluación de la imagen magisterial. El empeño es un tanto inútil. A los maestros de las misiones rurales y a los militantes del cardenismo los sustituyen los que primero a la fuerza y luego por inercia se amoldan a las ordenanzas de la vida institucional. En la nueva imagen, los maestros son semiprofesionistas, sin derechos políticos ajenos al cumplimiento de las tareas electorales del PRI, sin opciones de transformación académica, sólo dueños de la información parcial que un comité seleccionó en su beneficio. Por eso, la lucha de la Sección 9 de 1956-1960 se libra contra la reducción del magisterio a un sector informe, que transmite con mnemotecnia vacilante lo indispensable: izar la bandera algunos días del año, asistir a festivales tristísimos y promover el voto por quienes les digan. Esto, en la capital; en el resto del país, la función de los maestros es distinta, y en los pueblos son, con frecuencia, líderes naturales. Por eso, el PRI se empeña en hacer de ellos su base persuasiva.
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El MRM es notable por las lealtades que suscita y se mantiene. Hay entrega, confianza en que el adversario no reprima como ellos aseguran (es melancólico: los movimientos de oposición describen de modo preciso la represión y no creen en ella). Si en el MRM intervienen los comunistas, la suya no es sin embargo una movilización doctrinaria. ¿Para qué predicar la lucha de clases si se puede ejercerla? Están allí las discusiones sectarias y el balbuceo de las divulgaciones marxistas, pero lo primordial es el combate contra la desigualdad. Estos -los de los maestros, los ferrocarrileros, los petroleros, los electricistas- son movimientos regidos por el espíritu colectivo.
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Othón continúa su lucha en el magisterio y en 1960 participó en otra huelga en la Escuela Nacional de Maestros. La toma de la Normal por la corriente democrática de la Sección 9 del SNTE es violentamente reprimida en agosto, y como última represalia Othón Salazar es cesado y hasta su muerte en 2008 no obtiene la reparación de la injusticia.
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Movimiento Revolucionario Magisterial,
Othon Salazar
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domingo 11 de octubre de 2009
"Si no me tienen miedo, ya córtenla"
Por: CARLOS MONSIVÁIS
Se solicitan empleadores con referencias
Ante la composición y las acciones del Poder Legislativo, el Judicial y el Gabinete (nótese el respeto a la investidura), descarto la admiración y doy sitio a las preguntas: ¿qué saben hacer y dónde lo aprendieron? ¿Qué saben deshacer y por qué eso les funciona tan bien? Son, sin duda, ocupantes de puestos magníficamente bien remunerados, tramitadores de aumento salarial de esos puestos, propietarios de un idioma que desafía el entendimiento y por el que cobran tiempo extra, paracaidistas del ascenso, profesionales del nomadismo ideológico, corredores especializados en entregarse la estafeta a sí mismos, magistrados que leen las leyes al revés como entrenamiento para cuando tienen que explicar una decisión. O, también, y esto es muy frecuente, son creyentes devotos en que la creencia exhibida contra las leyes del Estado laico es la única universidad que cuenta: “Si rezo al que se debe, cobro aparte”. Son los miembros de la clase subalterna en el poder. Algún lejano día, quizá, serán los mandamases. Enumero algunas de sus características:
— Disponibilidad para aceptar cualquier puesto, cerca o lejos de su profesión certificada. Así, para mencionar ejemplos inconcebibles, un abogado puede pertenecer sin rubor alguno al Tribunal Electoral federal, o un economista (pero) de la Secretaría de Hacienda puede aconsejar a los pobres que si van a jugar en la Bolsa inviertan bien sus recursos, o un egresado de la Universidad de la Ilusión puede desafiar al mundo, y a un secre del Trabajo los juicios políticos le pelan los dientes.
— Eliminación de las distancias entre discurso y comportamiento. Se confía el discurso a un lenguaje que acude de tarde en tarde a palabras extraídas del español. Blindarse con la tortura judicial de la sintaxis, enviar el verbo a prisión y al sujeto a reclamar su identidad no es mala táctica. Se admite lo inexorable: es hora de hablar con la verdad, pero con señas. La verdad comprensible se presentará luego, cuando ya no estemos en este valle de lágrimas.
— Eliminación de la capacidad profesional, la que se tenga, tarea que en casi todos los casos se consigue con rapidez. Un funcionario no es ni debe ser un profesionista, por así decirlo, profesional. Eso es del tiempo antiguo; ahora le toca ser nada más un funcionario, ajeno a las destrezas requeridas, para eso tiene a los subalternos inmediatos, y éstos a los asesores, y los asesores manejan un equipo de mercadólogos, y los mercadólogos encabezan ejércitos de grupos focales, y la burocracia continúa hasta que ya nadie cabe en la oficina. Un funcionario no dispone jamás de tiempo para ejercer su oficio inicial; de hecho, no conoce tales cosas como el empleo riguroso de tiempo. Su oficio no es el adivinado en esa Universidad, ni el atisbado en el posgrado en Estados Unidos; su formación genuina ocurre en las tomas de posesión de la cadena de empleos o puestos, y su especialidad consiste en firmar papeles, contestar telefonemas al día (todos de anuncios de Telmex), dictar cartas o e-mails disculpándose por no saber redactar, llevar a juntas y ceremonias con rostro enérgico, inaugurar todo lo inaugurable, develar placas, negarse a los peticionarios y comer con sus iguales, que algunos habrá.
He citado algunas de las especialidades del político, y dejé para lo último la habilidad principal: nunca abandonar la sensación de superioridad. En esto la tradición les heredó “el rostro de presídium”, mirada fija en el cielo o, en su reemplazo, el techo. Ahora, lo más común es la prisa del funcionario que quiere irse para no oír las críticas. Antes, el priista oía sin inmutarse y decía: “Oye l’agua”. Ahora los panistas llaman a Seguridad Pública. Y que se quejen los agraviados a ver qué oídos quedan disponibles.
* * *
Durante siete décadas, los políticos de tiempo completo cumplieron profusamente con su magno deber: dejarse ver en relación a su ejercicio presupuestal. Tanto gastas, tanto te encumbras. No se discute: su proceso formativo profundo no depende de lecturas politológicas ni del conocimiento minucioso de teoría del Estado, de la historia o de la economía, sino de la confusión entre lo circunstancial y lo esencial (lo esencial es lo que no tiene para pagar un lobby). A los políticos a la antigua los sustituyen las energías al garete, fanfarrias grabadas que se implantan con un chip, publicidad televisiva que reemplaza al desvencijado juicio de la historia.
En tiempo del presidencialismo había una norma: si el presidente es el primero de los mexicanos, cada uno de los demás es el último. Eso ya se acabó en casi todas partes, menos en los anuncios.
* * *
¿A quién le importa la pérdida de credibilidad? La clase en las afueras del poder verdadero no se inmuta ante la idea. ¿Qué es la credibilidad? Según ellos, es lo que los demás piensan de uno cuando no tienen algo más que pensar. Ya no hay credibilidad, sólo anuncios subliminales o cínicos en tiempo triple A.
* * *
Al ocurrir la derrota de 2000, los priistas desplazados se lanzan a un mercado de empleo ya de por sí golpeado por esas megacrisis sucesivas que son los gobiernos. Y se ocuparon de oficios como: expertos en relaciones públicas, asesores económicos de primer nivel, expertos en relaciones públicas, abogados penalistas, expertos en relaciones públicas, abogados fiscales avezados en el trato a oscuritas, expertos en relaciones públicas, abogados de la rama laboral, expertos en relaciones... Pero los panistas eran muy incompetentes y su ineptitud encumbraba la ineptitud de los priistas, maniobrera y caciquil.
Y los panistas, en su letargo, también se volvieron publirrelacionistas, los que le vendían el hechizo de la política a las masas y se hacían pasar por embajadores de los contribuyentes ante los contribuyentes mismos. Eligieron las cifras oscuras y las amenazas y dijeron que si lo que ellos ofrecían no se aceptaba, el país languidecería en una tumba sin extremaunción. Se desistió de sacarle provecho al bien común y se pretendió vender acciones de la empresa quebrada que es el Gobierno. ¿Para qué insistir en la República cuando es más sencillo y veraz referirse al mercado? Y los priistas se fueron quedando con las elecciones y los panistas con las agencias de relaciones públicas; el paraíso fraccionable en la hora en que la mercadotecnia es el único lenguaje que aún hablan los funcionarios. “Otros 2 mil millones de pesos en frases significativas: la crisis ya se fue, quedaron sus consecuencias y nunca segundas partes fueron buenas”.
Se solicitan empleadores con referencias
Ante la composición y las acciones del Poder Legislativo, el Judicial y el Gabinete (nótese el respeto a la investidura), descarto la admiración y doy sitio a las preguntas: ¿qué saben hacer y dónde lo aprendieron? ¿Qué saben deshacer y por qué eso les funciona tan bien? Son, sin duda, ocupantes de puestos magníficamente bien remunerados, tramitadores de aumento salarial de esos puestos, propietarios de un idioma que desafía el entendimiento y por el que cobran tiempo extra, paracaidistas del ascenso, profesionales del nomadismo ideológico, corredores especializados en entregarse la estafeta a sí mismos, magistrados que leen las leyes al revés como entrenamiento para cuando tienen que explicar una decisión. O, también, y esto es muy frecuente, son creyentes devotos en que la creencia exhibida contra las leyes del Estado laico es la única universidad que cuenta: “Si rezo al que se debe, cobro aparte”. Son los miembros de la clase subalterna en el poder. Algún lejano día, quizá, serán los mandamases. Enumero algunas de sus características:
— Disponibilidad para aceptar cualquier puesto, cerca o lejos de su profesión certificada. Así, para mencionar ejemplos inconcebibles, un abogado puede pertenecer sin rubor alguno al Tribunal Electoral federal, o un economista (pero) de la Secretaría de Hacienda puede aconsejar a los pobres que si van a jugar en la Bolsa inviertan bien sus recursos, o un egresado de la Universidad de la Ilusión puede desafiar al mundo, y a un secre del Trabajo los juicios políticos le pelan los dientes.
— Eliminación de las distancias entre discurso y comportamiento. Se confía el discurso a un lenguaje que acude de tarde en tarde a palabras extraídas del español. Blindarse con la tortura judicial de la sintaxis, enviar el verbo a prisión y al sujeto a reclamar su identidad no es mala táctica. Se admite lo inexorable: es hora de hablar con la verdad, pero con señas. La verdad comprensible se presentará luego, cuando ya no estemos en este valle de lágrimas.
— Eliminación de la capacidad profesional, la que se tenga, tarea que en casi todos los casos se consigue con rapidez. Un funcionario no es ni debe ser un profesionista, por así decirlo, profesional. Eso es del tiempo antiguo; ahora le toca ser nada más un funcionario, ajeno a las destrezas requeridas, para eso tiene a los subalternos inmediatos, y éstos a los asesores, y los asesores manejan un equipo de mercadólogos, y los mercadólogos encabezan ejércitos de grupos focales, y la burocracia continúa hasta que ya nadie cabe en la oficina. Un funcionario no dispone jamás de tiempo para ejercer su oficio inicial; de hecho, no conoce tales cosas como el empleo riguroso de tiempo. Su oficio no es el adivinado en esa Universidad, ni el atisbado en el posgrado en Estados Unidos; su formación genuina ocurre en las tomas de posesión de la cadena de empleos o puestos, y su especialidad consiste en firmar papeles, contestar telefonemas al día (todos de anuncios de Telmex), dictar cartas o e-mails disculpándose por no saber redactar, llevar a juntas y ceremonias con rostro enérgico, inaugurar todo lo inaugurable, develar placas, negarse a los peticionarios y comer con sus iguales, que algunos habrá.
He citado algunas de las especialidades del político, y dejé para lo último la habilidad principal: nunca abandonar la sensación de superioridad. En esto la tradición les heredó “el rostro de presídium”, mirada fija en el cielo o, en su reemplazo, el techo. Ahora, lo más común es la prisa del funcionario que quiere irse para no oír las críticas. Antes, el priista oía sin inmutarse y decía: “Oye l’agua”. Ahora los panistas llaman a Seguridad Pública. Y que se quejen los agraviados a ver qué oídos quedan disponibles.
* * *
Durante siete décadas, los políticos de tiempo completo cumplieron profusamente con su magno deber: dejarse ver en relación a su ejercicio presupuestal. Tanto gastas, tanto te encumbras. No se discute: su proceso formativo profundo no depende de lecturas politológicas ni del conocimiento minucioso de teoría del Estado, de la historia o de la economía, sino de la confusión entre lo circunstancial y lo esencial (lo esencial es lo que no tiene para pagar un lobby). A los políticos a la antigua los sustituyen las energías al garete, fanfarrias grabadas que se implantan con un chip, publicidad televisiva que reemplaza al desvencijado juicio de la historia.
En tiempo del presidencialismo había una norma: si el presidente es el primero de los mexicanos, cada uno de los demás es el último. Eso ya se acabó en casi todas partes, menos en los anuncios.
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¿A quién le importa la pérdida de credibilidad? La clase en las afueras del poder verdadero no se inmuta ante la idea. ¿Qué es la credibilidad? Según ellos, es lo que los demás piensan de uno cuando no tienen algo más que pensar. Ya no hay credibilidad, sólo anuncios subliminales o cínicos en tiempo triple A.
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Al ocurrir la derrota de 2000, los priistas desplazados se lanzan a un mercado de empleo ya de por sí golpeado por esas megacrisis sucesivas que son los gobiernos. Y se ocuparon de oficios como: expertos en relaciones públicas, asesores económicos de primer nivel, expertos en relaciones públicas, abogados penalistas, expertos en relaciones públicas, abogados fiscales avezados en el trato a oscuritas, expertos en relaciones públicas, abogados de la rama laboral, expertos en relaciones... Pero los panistas eran muy incompetentes y su ineptitud encumbraba la ineptitud de los priistas, maniobrera y caciquil.
Y los panistas, en su letargo, también se volvieron publirrelacionistas, los que le vendían el hechizo de la política a las masas y se hacían pasar por embajadores de los contribuyentes ante los contribuyentes mismos. Eligieron las cifras oscuras y las amenazas y dijeron que si lo que ellos ofrecían no se aceptaba, el país languidecería en una tumba sin extremaunción. Se desistió de sacarle provecho al bien común y se pretendió vender acciones de la empresa quebrada que es el Gobierno. ¿Para qué insistir en la República cuando es más sencillo y veraz referirse al mercado? Y los priistas se fueron quedando con las elecciones y los panistas con las agencias de relaciones públicas; el paraíso fraccionable en la hora en que la mercadotecnia es el único lenguaje que aún hablan los funcionarios. “Otros 2 mil millones de pesos en frases significativas: la crisis ya se fue, quedaron sus consecuencias y nunca segundas partes fueron buenas”.
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jueves 8 de octubre de 2009
Autobiografía del honor sacrificado
Por: CARLOS MONSIVÁIS
Si accedí a darle la entrevista —¿me permite que le hable de usted?— es porque los de mi gremio de las magistraturas estamos padeciendo una de las campañas más viciosas que recuerdo, el ataque de la canalla. Y no quieren entender lo obvio: nosotros, los magistrados del Tribunal Electoral sólo escuchamos las consignas del pueblo, que como no sabe hablar nada nos dice. De que nuestras decisiones son justas lo prueba el hecho de que a nadie satisfacen, la incomprensión es nuestro testigo de descargo. Y que no obedecemos consignas es un hecho; atendemos recomendaciones en voz baja, algo muy distinto.
¿Que cómo veo esta andanada de infamias? ¿Qué quiere que le diga? Siempre me cuesta definir la ingratitud; puede ser el olvido de lo secundario para que nadie se acuerde de lo fundamental, o la puñalada por la espalda que se clava en el torso. Pero eso es lo de menos. Lo demás es la aparente inutilidad de tanto sacrificio y entrega de nuestra parte…
Sé que no lo incomodo al referirle mi vida, porque la verdad sí es apasionante y le servirá en su periódico ese libro de título tan excelso, Los fallos del tribunal sólo al mal le caen mal. Dicho sea de paso, qué bueno que usted aceptó nuestro encargo para hacer un libro independiente y crítico, como viudo intelectual del Dstado de Derecho, que lo que sea de cada quien todos son independientes y críticos… Prosigo. Le refería mi historia. No es porque yo lo diga, pero he sido de lo más precoz. A los 12 años ya tenía clara mi meta: dirigir la Suprema Corte, pero sólo con fallos que irritaran a todos. Al respecto, juro que no contribuyó en nada el que mi padre fuese magistrado. Yo siempre he sabido valerme de mí mismo, y lo he ganado todo con el sudor de mis ponencias. No en balde el propio licenciado Colosio (q.e.p.d.) me ponía como ejemplo de la cultura del esfuerzo.
Cuando cumplí 18 se me incorporó a un tribunal colegiado junior. Me sentí feliz; sabía que no designaban a un recomendadazo sino a un joven entregado a su vocación jurídica. Mi padre, que dio una comida de lujo a los que iban a votar ese día, sin ganas de influirlos, me comunicó la noticia y me abrazó: “¡Felicidades, güerco! Ganaste por unanimidad”. Me dio un gustazo. Ganaba nada más sobre la base de mis méritos. En la noche pensé en mi proyecto para el tribunal. ¿Qué podría hacer por México, por el sistema judicial, para las víctimas de la injusticia? Revisé las opciones: ponerme de justiciero, no, porque se acabarían las injusticias, y se le quitaría un rasgo esencial al país. ¿Qué otra ruta? Apoyar una injusticia sí y otra no, tampoco, porque lo salteado se presta a la confusión y en nuestro país sólo es víctima de la injusticia el que ya lo fue monetaria o políticamente. Dos opciones rechazadas. Arrepentirme públicamente de mis votos más escandalosos, ni de broma, porque siempre he sido responsable y una astróloga me dijo que nunca me echara para atrás en mis compromisos secretos porque me daría cáncer.
¿Qué hacer? No pude dormir. Mi destino era inmenso y a los 18 años ya era presidente de un tribunal importantísimo. Y como a las cinco de la mañana hallé la solución. ¡Órale!, grité como el sabio griego. ¡Desde luego! Crearía una nueva meta para los procesos, el molde de sentencias irreprochables que serían el modelo. ¿Y quién debería ser el magistrado que registrara esa fórmula jurídica a su nombre? Aquí nomás Juan Camaney. Si recién llegadito a la mayoría de edad mis merecimientos me habían llevado a ese puestazo, ¿qué éxito me sería ajeno?
La creación del gran ejemplo
Le sigo contando porque lo veo fascinado. También yo lo estoy, y eso que me sé mi historia al dedillo, como que es mía… Esa noche diseñé la estrategia, de manera un tanto rústica, debo reconocerlo, porque entonces no tenía a mi lado expertos en fórmulas jurídicas irreprochables por absolutamente ilegibles. Me dije: “Oye, Junior, ¿cómo vas a construir tu imagen de jurista probo?”. Y hallé una buena respuesta: estudiando donde estudian los Top of the pops, forjando desde la juventud lazos indestructibles. Esa fue y sigue siendo parte de mi filosofía de la vida: “Trata a todos como si fueran tus iguales, una vez que te cerciores de que son tus iguales”.
A la Universidad de la Transparencia la recuerdo como un gran momento de mi vida, y eso que mi vida está hecha de grandes momentos. Allí traté a todos los que ya trataba desde niño (eso es lo bonito de la élite: a todos los que vas conociendo ya los conocías, porque son parientes o hijos de los amigos y socios de los padres, o vecinos, o ya los conocías, y punto). Y afiné mi estilo hasta sentar jurisprudencia. A los que damos rostro y destino a un país ilegal nos queda el aire alivianado del que regala la propina de su trato. Pues le digo, en la Universidad Ixtláhuac frecuenté al hombre que más influyó en mi pensamiento, el entrenador de basket que nos lanzó una frase que cómo me ha servido: “Cuando sientan que no la van a hacer, miéntenle la madre a las circunstancias, y verán”.
También la suerte me contactó con el padre Feliciano Millán Astray, que nos enseñó el desprendimiento cristiano. “Cuando quieras hacer el bien, fírmame un cheque”. Y me hice amigo íntimo del grupo que hoy tiene la ley en sus manos, y es víctima de la incomprensión de la envidia y el rencor. Todo lo hicimos juntos, entramos a los mismos clubes, fuimos a las mismas fiestas, ligamos con las mismas chavas, viajamos a los mismos resorts de verano, nos fuimos de reventón a las mismas discotecas. Nos hubieran tomado por hermanos salvo que nos llevábamos muy bien. En unas vacaciones en Vail, estábamos cenando muy tranquilos, cuando el Bolo Cursilera, El Rey de los Apagones Mentales, como le decían sus novias, nos espetó su proyecto: “¿Por qué no le damos un ejemplo inolvidable a este pueblo de nacos? ¿Por qué no les enseñamos a que se avergüencen de su pin... creencia en la ley?”. La idea me pareció formidable porque ya la tenía desde hace rato. ¡Carajo! Y además, si tomas una decisión nunca la expliques porque se van a creer importantes. Si esperan de ti sólo canalladas, comételas para no defraudarlos; si creen que vas a atenerte a la verdad jurídica, no te conocen y se merecen su frustración.
Hay gente que piensa que no le hemos enseñado debidamente a los nacos. ¡Claro que sí! Estamos convencidos de que hicimos y hacemos bien, y de que el país necesita paradigmas, como dice el padre Estrella, que nos daba clases de Religión Aplicada al Gasto Suntuario. Si todavía hay quienes desconfían de nuestro recto proceder, podemos enjuiciarlos por haber lanzado la bomba atómica en la ciudad de Mitsubischi, y se los probamos.
Si accedí a darle la entrevista —¿me permite que le hable de usted?— es porque los de mi gremio de las magistraturas estamos padeciendo una de las campañas más viciosas que recuerdo, el ataque de la canalla. Y no quieren entender lo obvio: nosotros, los magistrados del Tribunal Electoral sólo escuchamos las consignas del pueblo, que como no sabe hablar nada nos dice. De que nuestras decisiones son justas lo prueba el hecho de que a nadie satisfacen, la incomprensión es nuestro testigo de descargo. Y que no obedecemos consignas es un hecho; atendemos recomendaciones en voz baja, algo muy distinto.
¿Que cómo veo esta andanada de infamias? ¿Qué quiere que le diga? Siempre me cuesta definir la ingratitud; puede ser el olvido de lo secundario para que nadie se acuerde de lo fundamental, o la puñalada por la espalda que se clava en el torso. Pero eso es lo de menos. Lo demás es la aparente inutilidad de tanto sacrificio y entrega de nuestra parte…
Sé que no lo incomodo al referirle mi vida, porque la verdad sí es apasionante y le servirá en su periódico ese libro de título tan excelso, Los fallos del tribunal sólo al mal le caen mal. Dicho sea de paso, qué bueno que usted aceptó nuestro encargo para hacer un libro independiente y crítico, como viudo intelectual del Dstado de Derecho, que lo que sea de cada quien todos son independientes y críticos… Prosigo. Le refería mi historia. No es porque yo lo diga, pero he sido de lo más precoz. A los 12 años ya tenía clara mi meta: dirigir la Suprema Corte, pero sólo con fallos que irritaran a todos. Al respecto, juro que no contribuyó en nada el que mi padre fuese magistrado. Yo siempre he sabido valerme de mí mismo, y lo he ganado todo con el sudor de mis ponencias. No en balde el propio licenciado Colosio (q.e.p.d.) me ponía como ejemplo de la cultura del esfuerzo.
Cuando cumplí 18 se me incorporó a un tribunal colegiado junior. Me sentí feliz; sabía que no designaban a un recomendadazo sino a un joven entregado a su vocación jurídica. Mi padre, que dio una comida de lujo a los que iban a votar ese día, sin ganas de influirlos, me comunicó la noticia y me abrazó: “¡Felicidades, güerco! Ganaste por unanimidad”. Me dio un gustazo. Ganaba nada más sobre la base de mis méritos. En la noche pensé en mi proyecto para el tribunal. ¿Qué podría hacer por México, por el sistema judicial, para las víctimas de la injusticia? Revisé las opciones: ponerme de justiciero, no, porque se acabarían las injusticias, y se le quitaría un rasgo esencial al país. ¿Qué otra ruta? Apoyar una injusticia sí y otra no, tampoco, porque lo salteado se presta a la confusión y en nuestro país sólo es víctima de la injusticia el que ya lo fue monetaria o políticamente. Dos opciones rechazadas. Arrepentirme públicamente de mis votos más escandalosos, ni de broma, porque siempre he sido responsable y una astróloga me dijo que nunca me echara para atrás en mis compromisos secretos porque me daría cáncer.
¿Qué hacer? No pude dormir. Mi destino era inmenso y a los 18 años ya era presidente de un tribunal importantísimo. Y como a las cinco de la mañana hallé la solución. ¡Órale!, grité como el sabio griego. ¡Desde luego! Crearía una nueva meta para los procesos, el molde de sentencias irreprochables que serían el modelo. ¿Y quién debería ser el magistrado que registrara esa fórmula jurídica a su nombre? Aquí nomás Juan Camaney. Si recién llegadito a la mayoría de edad mis merecimientos me habían llevado a ese puestazo, ¿qué éxito me sería ajeno?
La creación del gran ejemplo
Le sigo contando porque lo veo fascinado. También yo lo estoy, y eso que me sé mi historia al dedillo, como que es mía… Esa noche diseñé la estrategia, de manera un tanto rústica, debo reconocerlo, porque entonces no tenía a mi lado expertos en fórmulas jurídicas irreprochables por absolutamente ilegibles. Me dije: “Oye, Junior, ¿cómo vas a construir tu imagen de jurista probo?”. Y hallé una buena respuesta: estudiando donde estudian los Top of the pops, forjando desde la juventud lazos indestructibles. Esa fue y sigue siendo parte de mi filosofía de la vida: “Trata a todos como si fueran tus iguales, una vez que te cerciores de que son tus iguales”.
A la Universidad de la Transparencia la recuerdo como un gran momento de mi vida, y eso que mi vida está hecha de grandes momentos. Allí traté a todos los que ya trataba desde niño (eso es lo bonito de la élite: a todos los que vas conociendo ya los conocías, porque son parientes o hijos de los amigos y socios de los padres, o vecinos, o ya los conocías, y punto). Y afiné mi estilo hasta sentar jurisprudencia. A los que damos rostro y destino a un país ilegal nos queda el aire alivianado del que regala la propina de su trato. Pues le digo, en la Universidad Ixtláhuac frecuenté al hombre que más influyó en mi pensamiento, el entrenador de basket que nos lanzó una frase que cómo me ha servido: “Cuando sientan que no la van a hacer, miéntenle la madre a las circunstancias, y verán”.
También la suerte me contactó con el padre Feliciano Millán Astray, que nos enseñó el desprendimiento cristiano. “Cuando quieras hacer el bien, fírmame un cheque”. Y me hice amigo íntimo del grupo que hoy tiene la ley en sus manos, y es víctima de la incomprensión de la envidia y el rencor. Todo lo hicimos juntos, entramos a los mismos clubes, fuimos a las mismas fiestas, ligamos con las mismas chavas, viajamos a los mismos resorts de verano, nos fuimos de reventón a las mismas discotecas. Nos hubieran tomado por hermanos salvo que nos llevábamos muy bien. En unas vacaciones en Vail, estábamos cenando muy tranquilos, cuando el Bolo Cursilera, El Rey de los Apagones Mentales, como le decían sus novias, nos espetó su proyecto: “¿Por qué no le damos un ejemplo inolvidable a este pueblo de nacos? ¿Por qué no les enseñamos a que se avergüencen de su pin... creencia en la ley?”. La idea me pareció formidable porque ya la tenía desde hace rato. ¡Carajo! Y además, si tomas una decisión nunca la expliques porque se van a creer importantes. Si esperan de ti sólo canalladas, comételas para no defraudarlos; si creen que vas a atenerte a la verdad jurídica, no te conocen y se merecen su frustración.
Hay gente que piensa que no le hemos enseñado debidamente a los nacos. ¡Claro que sí! Estamos convencidos de que hicimos y hacemos bien, y de que el país necesita paradigmas, como dice el padre Estrella, que nos daba clases de Religión Aplicada al Gasto Suntuario. Si todavía hay quienes desconfían de nuestro recto proceder, podemos enjuiciarlos por haber lanzado la bomba atómica en la ciudad de Mitsubischi, y se los probamos.
| ¿Estás de acuerdo? |
lunes 28 de septiembre de 2009
"¡Papá, soy la ponencia que no has querido leer!"
Por: CARLOS MONSIVÁIS
Me llamo Amparo Solís Click y soy hija de madre pospuesta. Entiéndanme: no de madre soltera ni de madre abandonada en el altar, nada tan melodramático, sino simplemente de madre pospuesta, la que ocupa un sitio lejano en las preocupaciones del progenitor. Esto no quiere decir que nuestros padres no se hayan amado; sí lo han hecho, y no han tenido graves enfrentamientos. No, esta no es una queja, déjenme aclarar.
Siempre he creído que una persona crece educada por sus padres o por la madre, y también por la tutela de algunas fotos, no las digitales de ahora, meras impresiones fabricadas para el desvanecimiento, sino bajo la de las fotos como se debe, muy bien impresas, bien enmarcadas, atentas a fomentar la impresión de la personalidad de los retratados, eternamente dignos. Para mi mala fortuna, yo no he tenido fotos que cumplan el papel de tutores y he debido conformarme con la vaga orientación de las instantáneas, siempre ajenas a la consejería espiritual.
Vuelvo a mi experiencia. Mi padre, y este es el trauma de mi vida, no tuvo tiempo para mí. Demasiadas veces, mi madre me ha contado la separación. Todo comenzó cuando yo tenía uno o dos años de edad y al coautor de mis días lo invitaron a sustentar una ponencia en un Encuentro de Buena Voluntad Académica. Por compromiso él aceptó, redactó las páginas necesarias sobre un tema, "Neoliberalismo y destino humano, dos fuerzas complementarias, dos oposiciones salvajes", y las leyó ante el asombro creciente de los asistentes. El resultado: ovación de pie y felicitaciones interminables.
En mis indagaciones, he hablado con el mejor amigo de mi padre en aquella época, hoy investigador consagrado. Al preguntarle sobre el éxito inaudito de mi progenitor, me miró con suavidad paternal y me dijo: "Eres una mujer de gran madurez, por eso te seré franco, como académico, en ensayos o tratados o simples artículos: tu padre era más bien un segundón. Como ponente, y más estrictamente como autor y lector de esa que fue su primera ponencia y que yo he escuchado varias veces, siempre con la misma emoción, era notable. Con él, y no creo exagerada la afirmación, nace la categoría de ponente en su dimensión autónoma y muy creativa. No me acuerdo bien ni del tema ni de las tesis que sustentaba, pero no olvido el énfasis vibrante, la sonoridad de los conceptos, la vibración con que entonaba algunas frases, la técnica que le permitía alcanzar el sueño de los ponentes, que los asistentes se sientan parte del texto leído, es decir, parte de la solución de un problema recién descubierto".
Sigo con mi investigación de hija asombrada. De allí en adelante, el éxito llevó a mi padre de un coloquio a otro, de un simposio al siguiente, de un congreso a los sucesivos. Se integró a esa especie avasalladora, el congresista profesional. De manera que a mi madre le parecía muy curiosa, al final le pedían que leyera la antigua ponencia que, otra vez, provocaba el mismo arrebato. Esto, me aclaró María de los Ángeles Veraza, académica distinguida, no es tan extraño como parece, porque en rigor a la mayoría de los ponentes eméritos les pasa lo mismo (aclaro que la categoría de ponentes eméritos se instauró hace apenas dos años que mi padre fue el primer homenajeado.) Hubo un ponente, del folclor internacional, que leyó un día su paper sobre "México en la conciencia", y de allí se siguió repitiendo exactamente tesis y palabras con mínimas variantes en el título: "Conciencia, la de México", "Sin conciencia no hay México", "La inconsciencia no puede ser mexicana", y así durante 40 años, hasta que murió mientras leía un texto insólito: "México, conciencia, conciencia, México". Lo que también, me aclaró María de los Ángeles, no es insólito. Un número elevado de académicos actúa de modo similar, y nunca publican sus ponencias viajeras por temor de que algún intrépido las lea y eso aminore el efecto de sus intervenciones. Se ha dado el caso inaudito de un académico con tres décadas a horcajadas de su ponencia, que enloqueció y se presentó al Registro Civil para la adopción formal de sus páginas. Gritaba: "¡Esta ponencia no es como mi hija! ¡Es mi hija!". Y la siguió leyendo en su cubículo acolchado en el sanatorio siquiátrico. Tengo una sola foto con mi padre, él y yo y mamá, los tres. Mi personita en la cuna y ellos contemplándome amorosamente. Así nomás. Fue el día en que salió de casa para ir a un Congreso de Semiótica Facilona. Desde entonces ha vivido en los aeropuertos, y el regreso al hogar se le ha dificultado por la irrefrenable explosión de encuentros internacionales. Y mi padre asiste a todo, aferrado a la consigna: no hay que perderse reunión porque, ya se sabe, quien falte a una perderá el ritmo ponencial.
No digo que en todo este tiempo no haya vuelto a casa, pero no me ha tocado verlo porque son visitas fugaces y o no estoy o duermo o mi mamá me ahuyenta antes para no compartirlo. Y todo ha sido leer sus postales o luego sus e-mails desde Singapur o Dakar o San Pedro Sula, o donde se realice el congreso. Una vez mi padre invitó a mi madre a juntarse con él en un simposio sobre Vocablos Prohibidos por Desconocidos, porque tendría dos días libres antes de un congreso muy importante. Se vieron, se abrazaron, se fueron al cuarto, y ella estuvo dos días intensos transcribiendo la ponencia que seis lustros antes había capturado por vez primera.
La curiosidad me subyugó, debería conocerlo. Y me consagré a su persecución. El primer año nada conseguí. O me equivocaba de sala en el encuentro, y, quién lo duda, si uno se equivoca de panel ya nunca lo hallará, o lo confundía con alguien muy parecido, lo abrazaba y besaba ante su desconcierto, o entraba a la reunión, me quedaba dormida de inmediato y al despertar estaba sola. Me desesperé: "Es inútil". Me di una última oportunidad. En Internet vi que mi padre sería el orador principal de un simposio sobre "Amazonas extinguidas dentro de las especies", que tendría lugar en Sydney. Como pude, y no me pidan que describa los métodos, conseguí el dinero y me fui. Con sobornos y amenazas obtuve sitio en la sala donde un admirador más hubiese causado una explosión nuclear. Al anunciar la nube de ovaciones al ponente más famoso del mundo, el éxtasis me llevó al desmayo. Nadie me hizo caso. Es un dogma: en una conferencia en verdad magistral sólo hay un protagonista. Al volver en mí, ya era tarde. Mi padre se había ido a otro simposio en Piedras Negras y percibí con dolor la maldición: nadie, nunca, llega a conocer o tratar a un ponente de prestigio internacional, que sólo tiene tiempo para escribir o revisar ponencias en los aviones y duerme mientras las lee en los congresos.
Me llamo Amparo Solís Click y soy hija de madre pospuesta. Entiéndanme: no de madre soltera ni de madre abandonada en el altar, nada tan melodramático, sino simplemente de madre pospuesta, la que ocupa un sitio lejano en las preocupaciones del progenitor. Esto no quiere decir que nuestros padres no se hayan amado; sí lo han hecho, y no han tenido graves enfrentamientos. No, esta no es una queja, déjenme aclarar.
Siempre he creído que una persona crece educada por sus padres o por la madre, y también por la tutela de algunas fotos, no las digitales de ahora, meras impresiones fabricadas para el desvanecimiento, sino bajo la de las fotos como se debe, muy bien impresas, bien enmarcadas, atentas a fomentar la impresión de la personalidad de los retratados, eternamente dignos. Para mi mala fortuna, yo no he tenido fotos que cumplan el papel de tutores y he debido conformarme con la vaga orientación de las instantáneas, siempre ajenas a la consejería espiritual.
Vuelvo a mi experiencia. Mi padre, y este es el trauma de mi vida, no tuvo tiempo para mí. Demasiadas veces, mi madre me ha contado la separación. Todo comenzó cuando yo tenía uno o dos años de edad y al coautor de mis días lo invitaron a sustentar una ponencia en un Encuentro de Buena Voluntad Académica. Por compromiso él aceptó, redactó las páginas necesarias sobre un tema, "Neoliberalismo y destino humano, dos fuerzas complementarias, dos oposiciones salvajes", y las leyó ante el asombro creciente de los asistentes. El resultado: ovación de pie y felicitaciones interminables.
En mis indagaciones, he hablado con el mejor amigo de mi padre en aquella época, hoy investigador consagrado. Al preguntarle sobre el éxito inaudito de mi progenitor, me miró con suavidad paternal y me dijo: "Eres una mujer de gran madurez, por eso te seré franco, como académico, en ensayos o tratados o simples artículos: tu padre era más bien un segundón. Como ponente, y más estrictamente como autor y lector de esa que fue su primera ponencia y que yo he escuchado varias veces, siempre con la misma emoción, era notable. Con él, y no creo exagerada la afirmación, nace la categoría de ponente en su dimensión autónoma y muy creativa. No me acuerdo bien ni del tema ni de las tesis que sustentaba, pero no olvido el énfasis vibrante, la sonoridad de los conceptos, la vibración con que entonaba algunas frases, la técnica que le permitía alcanzar el sueño de los ponentes, que los asistentes se sientan parte del texto leído, es decir, parte de la solución de un problema recién descubierto".
Sigo con mi investigación de hija asombrada. De allí en adelante, el éxito llevó a mi padre de un coloquio a otro, de un simposio al siguiente, de un congreso a los sucesivos. Se integró a esa especie avasalladora, el congresista profesional. De manera que a mi madre le parecía muy curiosa, al final le pedían que leyera la antigua ponencia que, otra vez, provocaba el mismo arrebato. Esto, me aclaró María de los Ángeles Veraza, académica distinguida, no es tan extraño como parece, porque en rigor a la mayoría de los ponentes eméritos les pasa lo mismo (aclaro que la categoría de ponentes eméritos se instauró hace apenas dos años que mi padre fue el primer homenajeado.) Hubo un ponente, del folclor internacional, que leyó un día su paper sobre "México en la conciencia", y de allí se siguió repitiendo exactamente tesis y palabras con mínimas variantes en el título: "Conciencia, la de México", "Sin conciencia no hay México", "La inconsciencia no puede ser mexicana", y así durante 40 años, hasta que murió mientras leía un texto insólito: "México, conciencia, conciencia, México". Lo que también, me aclaró María de los Ángeles, no es insólito. Un número elevado de académicos actúa de modo similar, y nunca publican sus ponencias viajeras por temor de que algún intrépido las lea y eso aminore el efecto de sus intervenciones. Se ha dado el caso inaudito de un académico con tres décadas a horcajadas de su ponencia, que enloqueció y se presentó al Registro Civil para la adopción formal de sus páginas. Gritaba: "¡Esta ponencia no es como mi hija! ¡Es mi hija!". Y la siguió leyendo en su cubículo acolchado en el sanatorio siquiátrico. Tengo una sola foto con mi padre, él y yo y mamá, los tres. Mi personita en la cuna y ellos contemplándome amorosamente. Así nomás. Fue el día en que salió de casa para ir a un Congreso de Semiótica Facilona. Desde entonces ha vivido en los aeropuertos, y el regreso al hogar se le ha dificultado por la irrefrenable explosión de encuentros internacionales. Y mi padre asiste a todo, aferrado a la consigna: no hay que perderse reunión porque, ya se sabe, quien falte a una perderá el ritmo ponencial.
No digo que en todo este tiempo no haya vuelto a casa, pero no me ha tocado verlo porque son visitas fugaces y o no estoy o duermo o mi mamá me ahuyenta antes para no compartirlo. Y todo ha sido leer sus postales o luego sus e-mails desde Singapur o Dakar o San Pedro Sula, o donde se realice el congreso. Una vez mi padre invitó a mi madre a juntarse con él en un simposio sobre Vocablos Prohibidos por Desconocidos, porque tendría dos días libres antes de un congreso muy importante. Se vieron, se abrazaron, se fueron al cuarto, y ella estuvo dos días intensos transcribiendo la ponencia que seis lustros antes había capturado por vez primera.
La curiosidad me subyugó, debería conocerlo. Y me consagré a su persecución. El primer año nada conseguí. O me equivocaba de sala en el encuentro, y, quién lo duda, si uno se equivoca de panel ya nunca lo hallará, o lo confundía con alguien muy parecido, lo abrazaba y besaba ante su desconcierto, o entraba a la reunión, me quedaba dormida de inmediato y al despertar estaba sola. Me desesperé: "Es inútil". Me di una última oportunidad. En Internet vi que mi padre sería el orador principal de un simposio sobre "Amazonas extinguidas dentro de las especies", que tendría lugar en Sydney. Como pude, y no me pidan que describa los métodos, conseguí el dinero y me fui. Con sobornos y amenazas obtuve sitio en la sala donde un admirador más hubiese causado una explosión nuclear. Al anunciar la nube de ovaciones al ponente más famoso del mundo, el éxtasis me llevó al desmayo. Nadie me hizo caso. Es un dogma: en una conferencia en verdad magistral sólo hay un protagonista. Al volver en mí, ya era tarde. Mi padre se había ido a otro simposio en Piedras Negras y percibí con dolor la maldición: nadie, nunca, llega a conocer o tratar a un ponente de prestigio internacional, que sólo tiene tiempo para escribir o revisar ponencias en los aviones y duerme mientras las lee en los congresos.
domingo 20 de septiembre de 2009
Consejos a los que gobiernan
Por: CARLOS MONSIVÁIS
CUANDO EL CONTEXTO ESTÁ FUERA DE CONTEXTO
Un político debe aprender lo esencial: el trato con los medios informativos, la estrategia de la respuesta correcta a la pregunta inhóspita o candorosa o francamente malévola. A este respecto, quizá el maestro más adecuado sea un ex alto funcionario, especializado en enfrentar los cuestionarios más abruptos y salir airoso. El ex dignatario recién publicó su tratado De mi paso por la vida pública. Consejos a los que vienen, de 17 mil 200 páginas (versión reducida), del que ofrecemos una primicia.
QUE NUNCA LO SORPRENDAN CON LA FRASE SINCERA O LA VERDAD EN LA MANO
Jamás permita que se le pregunte así nomás. No es conveniente hacerlo porque: a) es falta de respeto para la investidura que se tiene o se ha tenido; b) son ganas de que usted y los lectores o espectadores pierdan el tiempo con un interrogatorio dañino para la moral de la República (todo lo que le molesta a usted daña la moral de la República); c) es de mala educación preguntar con tal de enterarse; d) es de mala educación saber lo que hay que contestar; e) a nadie le gusta que lo interroguen una vez que terminó su educación formal; f) quita la gana de estar a gusto; g) si uno deja que le pregunten sobre su gestión pública, traslada la República al horario triple A. Pongo ejemplos de entrevistas que he resuelto con mi método de disciplina de la elocuencia.
Periodista: ¿Qué dice usted a las acusaciones de que ganó el poder gracias a un magnofraude?
(Consejo: sonría primero con franqueza, mire a la cámara con ojos cándidos, vuelva a sonreír.)
Funcionario (o ex funcionario): Una pregunta muy interesante, amigo mío, que exige una respuesta meditada. Porque el tiempo es el mejor aliado del conocimiento. Es evidente, y lo que le voy a decir no es en modo alguno un agravio para su niñez, es evidente que hoy está usted más al tanto de lo que pasa en el país y en el mundo, que cuando tenía cinco años de edad. ¿Por qué es así? Porque la vida es un proceso, y sólo los que van de un lado a otro, del nacimiento a la muerte, pueden jactarse de haberlo recorrido de pie a pla. ¡Ah, no perdón! Se dice de pie a pa.
(Consejo: en este momento, el periodista intentará desviar el curso de su amena respuesta para preguntarle algo pesado. Atájelo de inmediato.)
Funcionario (o ex): Con todo gusto le respondo porque sé de su seriedad y profesionalismo. Pero antes, y como una cortesía para el público que nos está viendo (o que nos leerá), déjeme decirle: heredé el poder en condiciones tranquilas, pero terribles, y desdichadas, pero institucionales (equilibre siempre las respuestas para que no lo acusen de parcial o de claridoso). En mi periodo de gobierno (si todavía está en funciones, diga simplemente: vivimos en tiempos difíciles, y ninguna pregunta me sorprende, porque sé que todos debemos ganarnos la vida en algo), todo fue exitoso, y aquí está el testimonio de seis periódicos daneses, cuatro de Nigeria y uno de Noruega. Véalos con rapidez, que tengo que devolverlos ya a las respectivas hemerotecas. Todos coinciden en que yo hice (haré) más por mi país que todas las administraciones del siglo XVIII juntas (a estas alturas, muy probablemente los periodistas estén furiosos o desesperados. No dé señales de advertirlos, no los mire, siga con la vista fija en la cámara televisiva o en la grabadora, sonría siempre). Bueno, como le decía, no soy yo quien dice que mi gobierno fue (será) impecable. Lo dicen críticos de la realidad mexicana tan estrictos y tan conocedores como Mbatu Kruamah de Nigeria y Jors Nlfanten de Noruega, ampliamente conocidos en la zona del Bajío por sus análisis de las sanas repercusiones de la guerra cristera en la Edad Media (cuando uno hace estas afirmaciones eruditas, suele desconcertar).
(Consejo: los periodistas van a estar tan exasperados, que conviene ceder un poquito, pero bajo condiciones.)
Periodista: Licenciado, ¿cuál es su responsabilidad en la cadena de macrofraudes que cometieron varios miembros de su familia? ¿Y qué sabía usted al respecto?
(Sonría en forma amable y con un gesto de confianza, algo que descodificado quiera decir: "Lo he contestado tantas veces, que no me explico dónde vivían ustedes".)
Funcionario o ex funcionario: Una pregunta muy pertinente porque la sociedad, la nación y la tribu de las ONG tienen derecho a mi versión. Le diré, confiando en su responsabilidad profesional y en su amor a las instituciones. No sabía nada, absolutamente. Vamos, ni siquiera sabía que yo mismo era miembro de mi familia. En rigor, me enteré cuando salió un reportaje en una revista cuyo nombre no retengo, en la página 26, tercera columna. Decía: "El primo abusadillo". Le pregunté a una persona de confianza: "¿Y éste quién es?". Me dijo: "Es su primo, señor". Y le respondí, así como se lo estoy contando: "¿Cuál primo? Si yo no tengo parientes desde que llegué aquí". Y me contesta: "Es su primo hermano, bueno, lo era antes de que usted tomara posesión". Y nomás comenté: "¡Ah chispiajo!". Y no, se los digo aunque les sea difícil creerme, pero luego les será más fácil, nomás que recuerden que yo siempre he hablado con la verdad, con la neta como dicen los jóvenes, ésos que tanto confían en mí y en las instituciones, en ese orden. Sí, no tenía idea de que mi tal pariente usara mi hombre y mi figura, porque me cuentan que se disfrazaba de mi persona para cometer ilícitos, si es que los cometió, y si es, cosa todavía no probada, que hubo ilícitos en mi temporada de gobierno. Así fue, sólo así fue.
Reportero: ¿Y su secretario particular, que anda prófugo por estar involucrado con el narco? ¿Y lo de los asesinatos? ¿Y...?
(Consejo: hay veces que los preguntones son muy rápidos, y apenas se desanda uno, ya le colocaron temas difíciles. En esos casos, lo adecuado es la estrategia "Al que madruga Dios no lo oye".)
Funcionario (o ex): Le responderé con gusto, ¿y sabe por qué? Porque la confianza entre gobernantes y gobernados es uno de los grandes logros de mi administración. Ustedes han sido testigos de cómo el país entero confió en mí (si hacen gestos de protesta, usted póngale todavía más dulzura a sus palabras). Y confiaron en mí porque el país se ha desarrollado lo suficiente como para dar a la relación de sociedad-gobierno el sello del avance democrático. Se los digo con aprecio: todas las preguntas serán contestadas. Pero a su debido tiempo, que ya vendrá.
CUANDO EL CONTEXTO ESTÁ FUERA DE CONTEXTO
Un político debe aprender lo esencial: el trato con los medios informativos, la estrategia de la respuesta correcta a la pregunta inhóspita o candorosa o francamente malévola. A este respecto, quizá el maestro más adecuado sea un ex alto funcionario, especializado en enfrentar los cuestionarios más abruptos y salir airoso. El ex dignatario recién publicó su tratado De mi paso por la vida pública. Consejos a los que vienen, de 17 mil 200 páginas (versión reducida), del que ofrecemos una primicia.
QUE NUNCA LO SORPRENDAN CON LA FRASE SINCERA O LA VERDAD EN LA MANO
Jamás permita que se le pregunte así nomás. No es conveniente hacerlo porque: a) es falta de respeto para la investidura que se tiene o se ha tenido; b) son ganas de que usted y los lectores o espectadores pierdan el tiempo con un interrogatorio dañino para la moral de la República (todo lo que le molesta a usted daña la moral de la República); c) es de mala educación preguntar con tal de enterarse; d) es de mala educación saber lo que hay que contestar; e) a nadie le gusta que lo interroguen una vez que terminó su educación formal; f) quita la gana de estar a gusto; g) si uno deja que le pregunten sobre su gestión pública, traslada la República al horario triple A. Pongo ejemplos de entrevistas que he resuelto con mi método de disciplina de la elocuencia.
Periodista: ¿Qué dice usted a las acusaciones de que ganó el poder gracias a un magnofraude?
(Consejo: sonría primero con franqueza, mire a la cámara con ojos cándidos, vuelva a sonreír.)
Funcionario (o ex funcionario): Una pregunta muy interesante, amigo mío, que exige una respuesta meditada. Porque el tiempo es el mejor aliado del conocimiento. Es evidente, y lo que le voy a decir no es en modo alguno un agravio para su niñez, es evidente que hoy está usted más al tanto de lo que pasa en el país y en el mundo, que cuando tenía cinco años de edad. ¿Por qué es así? Porque la vida es un proceso, y sólo los que van de un lado a otro, del nacimiento a la muerte, pueden jactarse de haberlo recorrido de pie a pla. ¡Ah, no perdón! Se dice de pie a pa.
(Consejo: en este momento, el periodista intentará desviar el curso de su amena respuesta para preguntarle algo pesado. Atájelo de inmediato.)
Funcionario (o ex): Con todo gusto le respondo porque sé de su seriedad y profesionalismo. Pero antes, y como una cortesía para el público que nos está viendo (o que nos leerá), déjeme decirle: heredé el poder en condiciones tranquilas, pero terribles, y desdichadas, pero institucionales (equilibre siempre las respuestas para que no lo acusen de parcial o de claridoso). En mi periodo de gobierno (si todavía está en funciones, diga simplemente: vivimos en tiempos difíciles, y ninguna pregunta me sorprende, porque sé que todos debemos ganarnos la vida en algo), todo fue exitoso, y aquí está el testimonio de seis periódicos daneses, cuatro de Nigeria y uno de Noruega. Véalos con rapidez, que tengo que devolverlos ya a las respectivas hemerotecas. Todos coinciden en que yo hice (haré) más por mi país que todas las administraciones del siglo XVIII juntas (a estas alturas, muy probablemente los periodistas estén furiosos o desesperados. No dé señales de advertirlos, no los mire, siga con la vista fija en la cámara televisiva o en la grabadora, sonría siempre). Bueno, como le decía, no soy yo quien dice que mi gobierno fue (será) impecable. Lo dicen críticos de la realidad mexicana tan estrictos y tan conocedores como Mbatu Kruamah de Nigeria y Jors Nlfanten de Noruega, ampliamente conocidos en la zona del Bajío por sus análisis de las sanas repercusiones de la guerra cristera en la Edad Media (cuando uno hace estas afirmaciones eruditas, suele desconcertar).
(Consejo: los periodistas van a estar tan exasperados, que conviene ceder un poquito, pero bajo condiciones.)
Periodista: Licenciado, ¿cuál es su responsabilidad en la cadena de macrofraudes que cometieron varios miembros de su familia? ¿Y qué sabía usted al respecto?
(Sonría en forma amable y con un gesto de confianza, algo que descodificado quiera decir: "Lo he contestado tantas veces, que no me explico dónde vivían ustedes".)
Funcionario o ex funcionario: Una pregunta muy pertinente porque la sociedad, la nación y la tribu de las ONG tienen derecho a mi versión. Le diré, confiando en su responsabilidad profesional y en su amor a las instituciones. No sabía nada, absolutamente. Vamos, ni siquiera sabía que yo mismo era miembro de mi familia. En rigor, me enteré cuando salió un reportaje en una revista cuyo nombre no retengo, en la página 26, tercera columna. Decía: "El primo abusadillo". Le pregunté a una persona de confianza: "¿Y éste quién es?". Me dijo: "Es su primo, señor". Y le respondí, así como se lo estoy contando: "¿Cuál primo? Si yo no tengo parientes desde que llegué aquí". Y me contesta: "Es su primo hermano, bueno, lo era antes de que usted tomara posesión". Y nomás comenté: "¡Ah chispiajo!". Y no, se los digo aunque les sea difícil creerme, pero luego les será más fácil, nomás que recuerden que yo siempre he hablado con la verdad, con la neta como dicen los jóvenes, ésos que tanto confían en mí y en las instituciones, en ese orden. Sí, no tenía idea de que mi tal pariente usara mi hombre y mi figura, porque me cuentan que se disfrazaba de mi persona para cometer ilícitos, si es que los cometió, y si es, cosa todavía no probada, que hubo ilícitos en mi temporada de gobierno. Así fue, sólo así fue.
Reportero: ¿Y su secretario particular, que anda prófugo por estar involucrado con el narco? ¿Y lo de los asesinatos? ¿Y...?
(Consejo: hay veces que los preguntones son muy rápidos, y apenas se desanda uno, ya le colocaron temas difíciles. En esos casos, lo adecuado es la estrategia "Al que madruga Dios no lo oye".)
Funcionario (o ex): Le responderé con gusto, ¿y sabe por qué? Porque la confianza entre gobernantes y gobernados es uno de los grandes logros de mi administración. Ustedes han sido testigos de cómo el país entero confió en mí (si hacen gestos de protesta, usted póngale todavía más dulzura a sus palabras). Y confiaron en mí porque el país se ha desarrollado lo suficiente como para dar a la relación de sociedad-gobierno el sello del avance democrático. Se los digo con aprecio: todas las preguntas serán contestadas. Pero a su debido tiempo, que ya vendrá.
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